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Oro y Plata
Un broche de aguamarina y una esterlina te regalo
tu negro, que era muy pobre, no tuvo un cobre para el amor
un negro de ropa fina para tu ruina te convenció
yo digo que una mulata, por oro y plata se enamoro.

Ay, Late que late y el cuero del parche bate
con manos de chocolate, el negro que la perdió;
rueda que rueda, lo mismo que una moneda,
con ropas de tul y seda la negra que le mintió.
Todos los cueros están doblando
pero sus ojos están llorando,
que un pardo de cuello duro
fumando un puro se la llevo.

Ay, Siga que siga
no sufras ni la maldigas
que el cielo también castiga
la culpa de la ambición.
Las manos en la tambora
mientras tu pena, llora que llora.
Yo digo que es un tesoro
de plata y oro tu corazón.
Tu corazón, tu corazón.

Un broche y una esterlina
fueron la ruina de una pasión.
Un pardo con diez monedas
forro de seda tu corazón,
la plata, siempre la plata,
que hiere y mata sin compasión.
Yo digo que una mulata
por oro y plata se enamoro, ay.

Tu corazón, tu corazón.

Milonga para una calle
Ahí va mi sombra por calle Humboldt, la orilla verde de la ciudad,
una arbolada calle orillera adoquinada de soledad.
Por esta calle pasa la vida, madrugadora como un panal;
soy un vecino de un vecindario que amasa a diario tumulto y pan.

Yo suelo amanecer de niebla en el andar,
Palermo es un balcón que se niega a olvidar.
Allí enfiló el pregón su dura libertad.
Por esta calle pasa mi pueblo
soñando un sueño de no acabar.

Por calle Humboldt no hay campanario y en su silencio crece el malvón.
Otoñamente nos despereza la milonguita de algún gorrión.
La tarde vieja entra al boliche y piensa un trago crepuscular,
cuando el violento salmo de truco me echa un envido de eternidad.

Yo suelo verdecer amaneciendo aquí
con árboles y sol y gorrión y país.
Fue hermoso despertar y amanecer raíz,
por calle Humbolt, por calle río, por calle pueblo del porvenir.
Por esta calle pase y no calle, levante un canto de hombre y país,
venga y levántelo, grite: yo soy de aquí.
Venga y levántelo, grite: yo soy de aquí.

Insomnio
La noche gira sobre mi cabeza,
sin pedir permiso, se mete en la pieza,
me aprieta el corazón contra la almohada
pero no dice nada, no dice nada.

Es el insomnio el que se despereza
como un gallo enfermo, sin mirar la hora
y yo le arranco un beso a algún recuerdo
para no estar tan sola, no estar tan sola.

Y hago una mariposa de papel
y otra y otra,
me pierdo en el pasado de un amor
lejano y español,
y no hay manera.
Naufrago entre las sábanas, mi amor,
porque me faltás vos, me faltás vos.

No caben duendes entre los escombros
de los sentimientos que sufro y no nombro.
Te huelo y te presiento en las almohadas
pero no encuentro nada, no encuentro nada.

Y Buenos Aires, esa niña vieja
sensual y redonda como una madama,
se ríe del amor de los sin sueño
y no regala nada, no regala nada.

Y hago una mariposa.

Pasional
Amar sin esperanzas
es dar el corazón
con toda el alma.
¿Por qué siempre
yo he de amarte
sin haberme comprendido?

Qué triste es el vivir
soñando una ilusión
que nunca a mi vendrá.

Yo te amé con locura
y te di mi ternura,
más, burlaste mi vida
sin tener compasión.

Mas nunca olvides
que te he querido,
y aunque me hayas herido
siempre te recuerdo
sin sentir rencor.

Soñar que nos quisimos
es sólo recordar
una quimera.

¿Por qué siempre yo he de amarte
sin haberme comprendido?
Qué triste es el vivir
soñando una ilusión
que nunca a mi vendrá.

Caserón de tejas

Barrio de Belgrano, caserón de tejas,
¿te acordás, hermana, de las tibias noches  
sobre la vereda?
Cuando un tren cercano nos dejaba viejas  
raras añoranzas
bajo la templanza
suave del rosal.
Todo fue tan simple, claro como el cielo,
bueno como el cuento que en las dulces siestas
nos contó el abuelo,
cuando en el pianito
de la sala oscura
sangraba la pura
ternura de un vals.

Revivió, revivió
en las voces dormidas del piano
y al conjuro sutil de tu mano
el faldón del abuelo vendrá.
Llámalo, llámalo,
viviremos el cuento lejano
que en aquel caserón de Belgrano,
venciendo al arcano,
nos llama mamá.

Barrio de Belgrano, caserón de tejas,
¿dónde está el aljibe, dónde están tus patios,
dónde están tus rejas?
Volverás al piano, mi hermanita vieja,
y en las melodías
vivirán los días
claros del hogar.
Tu sonrisa, hermano, cobijo mi duelo
y como en el cuento que en las dulces siestas
nos cantó el abuelo,
tornará el pianito de la sala oscura
o sangrar la pura
ternura del vals.

Chiquilín de Bachín
Por las noches, cara sucia
de angelito con bluyín,
vende rosas por las mesas
del boliche de Bachín.

Si la luna brilla
sobre la parrilla,
come luna y pan de hollín.

Cada día en su tristeza
que no quiere amanecer,
lo madruga un seis de enero
con la estrella del revés,
y tres reyes gatos
roban sus zapatos,
uno izquierdo y el otro también.

Chiquilín,
dame un ramo de voz,
así salgo a vender
mis vergüenzas en flor.
Baleáme con tres rosas
que duelan a cuenta
del hambre que no te entendí,
chiquilín.

Cuando el sol pone a los pibes
delantales de aprender,
él aprende cuánto cero
le quedaba por saber.
Y a su madre mira,
yira que te yira,
pero no la quiere ver.

Cada aurora, en la basura,
con un pan y un tallarín,
se fabrica un barrilete
para irse y sigue aquí.
Es un hombre extraño,
niño de mil años,
que por dentro le enreda el piolín.

Chiquilín.

Desencuentro
Estás desorientado y no sabés
qué "trole" hay que tomar para seguir.
Y en este desencuentro con la fe
querés cruzar el mar y no podés.
La araña que salvaste te picó
qué vas a hacer
y el hombre que ayudaste te hizo mal
dale nomás.
Y todo el carnaval
gritando pisoteó
la mano fraternal
que Dios te dio.

Qué desencuentro
si hasta Dios está lejano.
Llorás por dentro,
todo es cuento, todo es vil.

En el corso a contramano
un grupí trampeó a Jesús.
No te fíes ni de tu hermano,
se te cuelgan de la cruz.

Quisiste con ternura, y el amor
te devoró de atrás hasta el riñón.
Se rieron de tu abrazo y ahí nomás
te hundieron con rencor todo el arpón.

Amargo desencuentro, porque ves
que es al revés.
Creíste en la honradez
y en la moral
qué estupidez

Por eso en tu total
fracaso de vivir,
ni el tiro del final
te va a salir.

Siempre se vuelve a Buenos Aires
Esta ciudad está embrujada, sin saber.
Por el hechizo cautivante de volver.
No sé si para bien, no sé si para mal,
volver tiene la magia de un ritual.
Yo soy de aquí, de otro lugar no puedo ser.
Me reconozco en la costumbre de volver.
A reencontrarme en mí, a valorar después,
las cosas que perdí, la vida que se fue.

Llegué y casi estoy, a punto de partir.
Sintiendo que me voy, y no me quiero ir.
Doblé la esquina de mi misma, para comprender,
que nadie escapa al fatalismo de su propio ser.
Y estoy pisando las baldosas,
floreciéndome las rosas por volver.

Esta ciudad no se si existe, si es así
o algún poeta la ha inventado para mí.
Es como una mujer, profética y fatal
pidiendo el sacrificio hasta el final.
Pero también tiene otra voz, tiene otra piel;
y el gesto abierto de la mesa de café.
El sentimiento en flor, la mano fraternal
y el rostro del amor en cada umbral.

Ya sé que no es casual, haber nacido aquí
y ser un poco así, triste y sentimental.
Ya sé que no es casual, que un fueye por los dos,
nos cante el funeral para decir, adiós.
Decirte adiós a vos, ya ves, no puede ser.
Si siempre y siempre sos, una razón para volver.

Siempre se vuelve a Buenos Aires, a buscar
esa manera melancólica de amar.
Lo sabe sólo aquel que tuvo que vivir
enfermo de nostalgia casi a punto de morir.

Confesión
Fue a conciencia pura
que perdí tu amor.
Nada más que por salvarte.
Hoy me odias
y yo feliz,
me arrincono pa llorarte.
El recuerdo que tendrás de mí
será horroroso,
me verás siempre golpeándote
como un malvao.
Y si supieras, bien,
qué generoso
fue que pagase así
tu buen amor.

Sol de mi vida.
Fui un fracasao
y en mi caída
busqué dejarte a un lao,
porque te quise
tanto, tanto.
Que al rodar,
para salvarte
solo supe
hacerme odiar.
Hoy, después de un año
atroz, te vi pasar:
me mordí pa no llamarte.
Ibas linda como un sol.
Se paraban pa mirarte.
Yo no sé si el que tiene así
se lo merece,
sólo sé que la miseria cruel
que te ofrecí,
me justifica
el verte hecha una reina
que vivirás mejor
lejos de mí.

Para ganar el cielo
Para ganar el cielo en mi ciudad:
hay que subir golpeando a los demás,
hay que aprobar un examen de amargura
que te suicide la locura de soñar.

No te engañes que no es color azul
es un disfraz que sacaron de un baúl
con lentejuelas y carteles luminosos
que te recetan la manera de vivir.

Ese cielo que soñamos vos y yo
lo vendieron y colgaron de un telón
no, no lo busques por calles viejas a tientas
porque son luces de mercurio esas estrellas.

Ese cielo pisoteado sin piedad
por los puros que hacen cola para entrar
no ves que es un gorrión abandonado
sin ternura acurrucado en el umbral.

Para ganar el cielo en mi ciudad
hay que mentir, después podes pensar,
hay que apretar la moneda del cariño
en el bolsillo de las cosas que no usas.

No seas así! Por qué vas a llorar
chaplin absurdo de gesto fraternal
siempre habrá un pibe al que le escondan la sortija
en esta enorme calesita sin final.

Milonga del trovador
Soy de una tierra hermosa
de América del Sur,
en mezcla gaucha de indio con español.
De piel y voz morochas
vi en mi guitarra
que al mundo van las coplas, y me fui yo.

Con un rumor de nido
volaban tras de mí,
aquellos pañuelitos en la estación.
Pero soy peregrino
y a mi nostalgia
le canto así en la oreja del corazón.

Vamos a la distancia, sí,
que soy el trovador,
si la distancia llama,
yo jamás veré ponerse el sol.

Vamos a la distancia, ya,
y si no llego, amor,
vos le darás mi alma
de argentino y de cantor.

Mi casa es donde canto
porque aprendí a escuchar
la voz de Dios que afina en cualquier lugar,
ecos que hay en las plazas
y en las cocinas,
al borde de una cuna y atrás del mar.

Si en esta andanza un día
me espera la vejez,
ya mi niñez le hará la segunda voz;
y al fin con dos gargantas,
a mi agonía,
le cantaré en la oreja del corazón:

Vamos a la distancia, sí.
Vamos a la distancia, ya.

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