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Ángel de luz - pasillo
Ángel de luz,
de aromas y de nieves
mancho tus labios
con flores de ambrosía;
tus pupilas, románticas auroras
que, en oriente, serán el albo día.
Dentro tu pecho guardas conciertos de notas,
perfumes de nardos, de flores de albor.
Mi pecho es un sepulcro de rosas marchitas,
anima esas flores con besos de amor.
Reina de lirios, en tus rizadas trenzas,
nido de seda do duermen los canelos,
deja que pose mis glaciales labios
que están enfermos por falta de tu amor.
Los labios que no besan son pétalos muertos,
son himnos sin notas, son astros sin luz.
Los pechos que no aman son noches polares,
sarcófagos tristes do alberga el dolor.

Cantares del alma - pasillo
Es en tu boca que encontré mi cielo;
es en tus labios que escuché sonidos
que solo en ti posaron las estrellas,
trayendo música del firmamento.
Son tus palabras cantares del alma;
son tus suspiros ráfagas de aliento,
consigo traen bellos sentimientos
que son la esencia de tus pensamientos.
Si tú eres ya mi cielo, amada mía,
dame en todos tus besos las melodías
para entregarte música del mundo,
cantando en coro todas las estrellas.

Esta pena mía - pasillo
Esta pena mía no tiene importancia,
sólo es la tristeza de una melodía,
el último ensueño de alguna fragancia;
que todo se muere, que la vida es triste,
que no vendrás nunca por más que te espere,
que ya no me quieres como me quisiste.
No tiene importancia, yo soy razonable,
no puedo pedirte ni amor ni constancia,
ni es mía la culpa de no ser variable.
¿Qué valen mis quejas, si no las escuchas?
¿y qué mis caricias, desde que las dejas,
quizá despreciadas porque fueron muchas?
Esta pena mía, que es mía, muy mía
no es más que la sombra de alguna fragancia;
no es más que el recuerdo de una melodía;
ya ves que no tiene ninguna importancia.

Oye, mujer - pasillo
Tu eres el centro do mi vida tiende,
nadie podrá borrar esta pasión.
Y el pesar que te aflige, a mí me ofende;
lejos de ti, mi mente nada entiende;
Dios hizo para ti, mujer, mi corazón.
Quiero hablar y tu nombre solo digo,
quiero pensar y solo pienso en ti,
quiero olvidarte y a buscarte sigo,
quiero dormir y ahí sueño contigo,
despierto y siempre me hallo junto a ti.
Pueda ser que, en mis labios, algún día
mi voz se apague a no tornar ya más.
Todo pudiera ser, mas no sería
que olvidarte pudiera, amada mía,
dejar de amarte no podré jamás.

La huevera - albazo
Huevos fresquitos, carne serrana llevo mi caserita.
Esto y mi pan de Ambato llegado de esta mañana.
Grita la doña, vende la pera con su voz lastimera,
corre a la ventana una  matrona y llama.
Llega ya  la longa con su alforja:
?Qué querís del saco, lindo patrón?
Quiero queso bien grande y cale de hierba fiado.
esta es costumbre de nuestras tierras con su vida de encanto,
desde Quito hasta Loja, corriendo valles y montes,
donde se entierra de nuestra historia la vida del pasado,
dulce y placentero como el rumor de los Andes.
¡Qué mujer que admira nuestra nación!
¡Qué bondad  en cañas del rondador!
cantos que llevan penas, amor, tristezas y olvido.
cantos que llevan penas, amor, tristezas y olvido.

Tarde o temprano - pasillo
Quiero abrir mi corazón
para que entres en él,
a limpiarte las heridas
con un nuevo latir.
Y esconderte entre mis manos,
donde nadie te pueda encontrar
y perderme entre tus labios,
tarde o temprano.
Quiero abrir tu corazón
y, de inmediato, correr
a embriagarme con la esencia
que perfuma tu flor.
Enredarme con tu cuerpo,
donde nadie me pueda encontrar
y quemarnos con el fuego, 
tarde o temprano.
Sin palabras, sin pensar,
sin que exista nada más,
quiero abrir mi corazón
para que entres a vivir en él.
Solo así descubriré 
cuál es la llave que debo elegir
para abrir tu corazón, 
donde estaré tarde o temprano.
Quiero entrar por tus oídos,
porque no tengo más
que la música que habita
en cada parte de mí
y que aceptes lo que llevo
dentro de este inquieto corazón
para serenar tus miedos,
tarde o temprano.
Quiero que entres en mis ojos
y me ayudes a ver
el color de los anhelos 
que te hacen feliz.

Romance a una tejedora manabita - pasillo
Con una horma de esperanza
y dedos de clavelina,
va tejiendo su sombrero
la manabita más linda.
Qué finas que son las hebras, 
tan finas como ella misma.
Ay quien fuera Horacio Hidrovo
con el panal de su poesía, 
para cantarte en aromas 
una canción de toquilla!
Dime, linda manabita,
si es verdad que en tus vigilias
tejes con aguas delgadas
y, en diamantes, cristalizas
ese sombrero tan leve,
que más que sombrero es brisa,
o es que tus dedos de pétalos 
de rosas, nardos y lilas
están tejiendo un sombrero 
con rayos de luna india.
Di por qué, haciendo milagros, 
aún mi ojos no te mira
en altar de tamarindo,
entre oro incienso y mirra.
O es que acaso por robar
al creador sus maravillas
con que tejió las estrellas
de los altares te quitan
y te encarcelan, celosos,
tras rejas de eucaristía.
¡Pero no!... Guarda silencio.
Tus secretos no me digas.
sigue, en tu horma de esperanza,
tejiendo sueños de almíbar
y diciendo, a labios quedo;
oraciones de ambrosía.
Teje, teje, tejedora
de dedos de clavelina
teje, tejedora y une mis versos a tu toquilla.

Tu partida - pasillo
La noche se hizo en mí cuando te fuiste
y yo creí morir sin tu querer;
la noche se hizo en mí con tu partida
y para qué vivir si ya no estás en mí,
ni es mío tu querer.
Te alejas sin dejar tu adiós siquiera,
sin comprender que ayer tu amor yo fuera,
te alejas sin pensar que mi alma queda
en esta soledad, que llena de ansiedad
mi enfermo corazón.

Sombras - pasillo
Cuando tú te hayas ido, me envolverán las sombras.
Cuando tú te hayas ido, con mi dolor, a solas
evocaré este idilio en sus azules horas.
Cuando tú te hayas ido, me envolverán las sombras.
Y en la penumbra vaga de la pequeña alcoba,
donde una tibia tarde me acariciaste toda,
te buscarán mis brazos, te buscará mi boca
y aspiraré, en el aire, como un olor de rosas.
Cuando tú te hayas ido, me envolverán las sombras.

Guitarra vieja - albazo
Esta guitarra vieja que me acompaña 
tiene la pena amarga que me tortura, 
sabe por qué la estrella de la mañana 
siempre me encuentra solo con mi amargura.
Cuando pulsa mi mano su cuello fino 
y se agita en mis brazos, que le aprisionan, 
irrumpe en el silencio su dulce trino 
y el eco quejumbroso lejos entona.
Anduvieron unidas en sus ternuras 
y enredada en sus cuerdas mi pena estaba. 
Y al impulso de mi alma, que se agitaba, 
rimaba con sus trinos mis amarguras.
La brisa juega inquieta con nuestra queja 
y el aire se conmueve, de tanta pena. 
Y el corazón desgrana notas que suenan, 
acompañado de esta guitarra vieja.

Aquellos ojos - pasillo
Pensar que aquellos ojos han podido
convertir mi existencia en un martirio.
Pensar y, sin embargo, ese es mi sino:
una tortura cruel y un cruel delirio.
Y, la verdad, adoro aquellos ojos,
su límpido mirar y su ternura;
Por ellos se han calmado mis enojos
y se han trocado en luz mis amarguras.
Pero, ¿cómo luchar contra el destino
que impide fundir nuestras dos vidas?
por eso, he de seguir por mi camino
sangrando el corazón por mil heridas.

Como si fuera un niño - pasillo
Deja posar mis labios sobre tu piel de armiño,
quiero sentir lo blondo de tu real cabellera;
¡ah!, deja que me duerma, como si fuera un niño,
en tu regazo ardiente como una primavera.
Yo no amo en ti la carne: amo en ti el sentimiento,
amo tu ser ingenuo como una fuente pura;
amo la dulcedumbre de tu armonioso acento
y la tristeza inmensa de tu mirada oscura.
Acógeme en tus brazos y delicadamente,
con tus manos de seda acaricia mi frente
y dime, en un suspiro, que tu ilusión primera
he sido yo y entonces, mi amor, mi primavera,
deja que me duerma en tu seno de armiño
y arrúllame con besos, como si fuera un niño.

Romance de mi destino - pasillo

Solo - pasillo
Voy buscando en las sombras de mi camino
a la dueña de todas mis esperanzas,
sufriendo la tristeza de mi destino,
desafiando el cansancio de las distancias.
A pesar de los vientos y las negruras,
mis pupilas atisban las lejanías,
pues sé que sus caricias y sus ternuras,
otra vez y otra vez, más serán mías.
Huracán de mis noches, tú que me oíste
cruzar mis soledades sin una estrella,
dile que por su ausencia vivo muy triste
y que sufro en silencio solo por ella.
Río que, monte abajo, vas murmurando,
cuéntale la ternura con que la quiero,
dile que hace ya tiempo vivo esperando
que retorne a mis brazos, porque me muero.

Compadre, péguese un trago - albazo
Compadre, péguese un trago,
ayayay,
verá como las penas
volando se van,
el trago es bueno,
más bueno que el pan.
Ya se fue la comadre Chepita,
en el mundo hay mujeres de más;
ay, compadre, cuando hay botellita
no me venga con tanto llorar.

La vuelta del chagra - capishca
Empeñando el sombrerito, me voy volviendo,
y a la capital yo vengo por tu cariño.
Por la luz de tus ojitos, yo vengo a Quito
a cumplir una promesa a mi amorcito,
porque chagra soy, señores, y de los buenos,
pero estando en esta tierra, quiteño soy.